domingo, 13 de marzo de 2016

Iron Maiden y Chile, amor incombustible



El idilio entre Iron Maiden y Chile no se acaba. El pasado viernes la Doncella de Hierro se presentó en el Estadio Nacional ante cerca de 55 mil personas, mostrando ante su delirante fanaticada su último trabajo de estudio titulado The Book of Souls.

En una teatral puesta en escena, como ya es costumbre, los ingleses validaron ante su público que son una de las bandas principales en los gustos metaleros chilenos, además de ser la agrupación anglo que más ha movido gente en sus pasos por el país: 281 mil fans, en ocho visitas, según consigna La Tercera.

Hombres, mujeres, niños, abuelos, chilenos y extranjeros. Todos llegaron temprano hasta el recinto deportivo para no perderse la cita rockera, que ya a esta altura es tradición obligada de todo amante del rock con volumen alto.

Unos desconocidos Raven Age fueron los encargados de abrir la jornada, llevándose algunos tímidos aplausos. Tras ellos, el potente trash metal de Anthrax se hizo sentir con fuerza en el Nacional. Caught in a Mosh, Got the Time y Antisocial fueron tres bombas atómicas caídas directamente en el recinto ñuñoíno.

El público agradecía a la banda neoyorkina cantando a coro: “Olé, olé olé, óle, Anthrax, Anthrax”. Intercambio de energía mutua. Un movedizo Joey Belladonna, cantante de la agrupación, en reiteradas oportunidades sacaba del bolsillo de su pantalón una pequeña bolsa con una sustancia desconocida y hacía la mímica de que se la fumaba. El respetable lo ovacionaba y reía. Puro trash callejero y ochentero.


Luego de ocho demoledoras canciones, Anthrax se despide. Scott Ian toma a su hija en brazos y agradece al público nacional. La gente pide otra, pero ya no hay más.
En cancha, lugar donde quien escribe este artículo estuvo apostado, comienza a llegar más gente. Todos buscando ver de cerca a Bruce Dickinson y compañía. A pocos minutos de que comience, en dicho sector no cabe un alfiler.

Pasadas las 21.00, comienzan a sonar los acordes de Doctor, Doctor, de UFO. El público, impaciente, la canta a todo pulmón, como si Maiden estuviera en escena. Terminada esa canción, la Doncella se hace presente en el escenario. El recinto parece caerse.
If Eternity Should Fail es la primera muestra de Maiden en esta oportunidad con una presentación muy teatral, muy actoral. Dickinson con una capucha canta en un pequeño pilar con fuego en la primera parte de la canción, la parte lenta. Luego, el tema explota y el público también.

Le sigue Speed of Light, quizás la más reconocida del último disco. Como tercera, Children of the Damned, del laureado disco The Number of the Beast. El público la reconoce y la agradece.

Dickinson canta, corre, baila e interactúa. A sus 57 años se muestra más vigente que nunca. En una parte del show, aparece Eddie, la icónica mascota de la banda, para realizar su performance. Dickinson batalla con él y le arranca lo que parece un corazón, lo arroja a un recipiente y luego lo exprime en el escenario, en una puesta sacada de un teatro de terror. Las fotografías para el divertido momento se multiplican y fusionan con los gritos.
Seis canciones del set list elegido fueron del The Book of Souls. 
Clásicos como The Trooper, Hallowed be the Name, Fear of the Dark y Iron Maiden causan el jolgorio del respetable, quien no se cansa de vitorear a los ingleses.

Wasted Years cierra la noche. Como tantas otras veces, la gente ovaciona a la banda. Los músicos lo agradecen. Un nuevo episodio del romance entre Iron Maiden y Chile llega a su fin. Puro amor. De ese con olor a cigarrillo y cerveza. De ese con sabor a trasnoche y lujuria. De ese que las 281 mil personas que han visto a Maiden en Chile -en alguna de sus ocho visitas- entienden. Tal como cuando dos quinceañeros enamorados se despiden queriendo verse pronto, la espera por la novena visita de la agrupación comenzó en el minuto que el octavo show acabó. Que este idilio no se termine nunca, por favor.



martes, 26 de mayo de 2015

Montage of Heck: cuando una imagen vale más que mil palabras

La historia del joven destrozado por el divorcio de sus padres, que conquista el mundo con una guitarra y  termina con un escopetazo en la boca, es una novela griega en sí misma. La biografía de Kurt Cobain, el rubio rockero nacido en Aberdeen y líder de Nirvana, es tan buena como su música. Una triste obra magistral, que ni Kubrick pudo haber escrito mejor.
Montage of Heck es el más reciente acercamiento a las entrañas del precursor de la movida Grunge. El documental, dirigido por Brett Morgen, fue estrenado en el Festival de Cine de Sundance 2015 y por estos días llega a nuestro país para el gusto de todos los viudos de las camisas de franela y los jeans a medio romper.
La cinta muestra de forma desnuda y en orden cronológico la vida del músico, con imágenes conmovedoras de cuando era un crío y se esforzaba por tener la atención de su, en ese entonces, unida familia.
En los primeros registros se puede apreciar a un hiperactivo niño con una brillosa melena rubia como el centro de atención de sus padres y tíos. Como si ya estuviera escrito de antemano, el chico, de no más de siete años, toma una guitarra y mira con carisma a la cámara. Un presagio memorable. Quince años después haría lo mismo, tomando una Fender Jaguar, su favorita, y conquistando a millones alrededor del mundo.
Destacan en el filme los comentarios de Wendy y Don Cobain, los progenitores del líder grunge. Ambos coinciden en que Kurt sufrió un cambio drástico tras la ruptura matrimonial.
La interacción de la historia con dibujos animados y algunas obras de arte del propio Cobain están perfectamente logradas. A esto se suman los arreglos acústicos a temas clásicos del Nevermind, como Smell Like Teen Spirit. Apreciable sutileza.
Que Cobain fue un yonqui pegado en la heroína no es novedad para nadie. Pero una imagen vale más que mil palabras, dicen. Verlo raquítico, con llagas en la cara y quedándose dormido con su hija en brazos por la droga, te estremece el alma. “No estoy drogado, sólo estoy cansado”, dice Kurt con tono molesto a Courtney, quien le reprocha su actitud frente a su pequeña.
A esa altura la heroína en su vida era una constante. Probablemente el cansancio también. La vida se le alejaba lentamente.
Otra historia conocida, pero que con imágenes te produce cosquilleo, es el amor entre Kurt y Courtney. En un video casero de 1992 se les ve jugueteando en el baño y compartiendo chistes. Mientras Cobain se afeita, le echa en cara a su mujer lo odiada que es en Estados Unidos. Todo de forma cordial y amorosa. Ella ríe y muestra los senos a la cámara. Puro romance.
Eso sí, discrepo con el director del filme, quien en un artículo del New York Times se mostró sorprendido por ver a Cobain “cariñoso, gracioso y cálido, que disfruta ciertas facetas de su vida”. Eso ya lo dejó graficado en 2005 Charles R. Cross, en la que es probablemente la mejor biografía del músico, Heavier than Heaven.
Otro punto en el que Morgen no parece actualizado es en la relación entre Love y Cobain.  “En las películas caseras que vi, Kurt no es sumiso. Courtney no lo domina. Creo que esta película realmente va a poner en entredicho lo que piensa la gente”, dijo en el artículo antes señalado. Esto también fue echado por tierra por el libro de Cross diez años antes.
En suma, una historia conocida, pero acompañada con novedosas y emotivas imágenes. Un material que todo melómano debe tener en su colección para entender mejor la compleja y, quizás incomprendida, vida del último héroe del rock and roll.

domingo, 24 de mayo de 2015

Obrigado, Rival Sons

Un viaje a otra época. Así fue el show que Rival Sons presentó el pasado 25 de abril en el Monster of Rock de Sao Paulo, Brasil. No exagero. Los estadounidenses, que ya cuentan con cuatro discos en el cuerpo, abrieron con Electric man, con un Jay Buchanan inspiradísimo. “Brasil, somos Rival Sons. Estamos aquí para tocar rock and roll”, introdujo el líder de la banda para iniciar su fiesta.

La calidad vocal de Buchanan se mostró al más alto nivel. Su garganta es un torbellino sonoro que a ratos tiende a asemejarse a la voz de Janis Joplin. En el escenario se mostró poseído, tirándose al suelo y haciendo sus líneas vocales desde ahí. Una especie de Jim Morrison en 2015.


“Obrigado”, decía con tono pausado cada vez que terminaba una canción. El público reía de su pronunciación y de que, al parecer, era la única palabra en portugués que tenía bajo la manga.

Las elaboradas líneas de guitarra de Scott Holiday, los potentes bajos y coros de Dave Beste y la destreza en la batería de Mike Miley resultan el acompañamiento ideal para que Buchanan deje su condición de humano y se vuelva un ser supraterrenal del rock and roll. Calidad y dureza. Asemejándose  perfecto a los dioses del rock de los setenta y ochenta.
No obstante, los integrantes de la agrupación detrás del vocal se mostraron bastante estáticos, más preocupados de sus instrumentos que del show. De esta forma, Buchanan parecía en una fiesta de éxtasis y alcohol, mientras que los demás en un cumpleaños quinceañero (de los antiguos, no los de ahora, claro).

Los cambios de ritmo de Play de Fool descolocaron y desfiguraron a todo aquel que no conocía a la banda y que esa tarde iba a ver a Ozzy o a Judas Priest. Unas tres canciones bastaron para que cayera una ovación paulista para la agrupación formada en 2009.

Como golpe de KO, cerca del final comenzaron los acordes de Open my Eyes, hit que suena en algunas radios locales y que les ha dado cierto reconocimiento en el medio. Pese a que la guitarra de Holiday estaba demasiado fuerte y opacaba a los otros instrumentos, el riff de aquel tema suena a clásico. Parece haber sido concebido en otro estado. El cierre con Keep on Swinging dejó claro que la banda es lo mejor que ha salido en los últimos años y que mantiene vivo el eje del género por estos tiempos.

Obrigado, Rival Sons.

lunes, 6 de octubre de 2014

Potencia bailable


Cabecear y bailar. Esa es la gracia que tienen los shows de los Queen of the Stone Age, quienes anoche se presentaron en el Movistar Arena cautivando nuevamente a su fanaticada.

La agrupación de Josh Homme tiene la película clara. Saben cómo hacer sólidos shows al nivel de banda consolidada en el rock. Anoche, frente a unas 11 mil personas, repasaron lo mejor de sus seis discos con un potente enjambre sonoro perfectamente dirigido por su baterista, Jon Theodore.

La ruda Millionaire fue la encargada de abrir la noche, seguida de No one Knows y My God is the Sun. Puras bombas caladas. Todas muy bien ejecutadas y notablemente sonorizadas. Desde que Homme se hizo cargo de la voz de Millionaire (con la salida de Oliveri) ésta obtuvo más calidez y suavidad, dejando de lado el gutural y desgarrado canto del calvo y alocado bajista. Bien pensado si lo que se buscaba era llegar a un público no tan rockero y más controlado.

El repertorio que Homme ha ido consolidando junto a los suyos, permiten perfectamente pasar desde un momento bailable, como lo fue con Smooth Sailing, a uno de rock duro, como con Mexicola.

Qotsa, en su historia, inteligentemente supo abrir el espectro musical y no quedarse solamente en el stoner rock, lo cual le permitió ganar en cantidad de seguidores. La receta no es nueva, ya lo hizo Cobain en los noventas cuando vio que adhiriendo dosis Pop a su Grunge el género se masificaría.

Volviendo al recital, el insolente riff de Song for a Dead amenazó con derrumbar el escenario y fue quien puso el broche de oro a las casi dos horas de show.
En lo negativo, en momentos la guitarra de Homme sobrepasaba demasiado en volumen la de su colega Van Leeuwen, lo que hacía que se perdiera la armonía de las cuerdas.

En entrevista para radio Futuro, Troy Van Leeuwen, guitarrista de Qotsa, dijo que venían a Chile “a cerrar un ciclo”. “Comenzamos el proceso de nuestro último disco allá en Sudamérica y cerramos todo allá”, señaló. Potente y majestuoso cierre de ciclo.

sábado, 6 de septiembre de 2014

El día en que el rock sudamericano se vistió de luto

Las probabilidades de que Cerati volviera de esa limbo-desgracia tras sufrir un accidente cerebro vascular en 2010 eran ínfimas. Eso todos lo sabían. Quizá hasta su madre. Entonces ¿Por qué la noticia de su muerte nos devastó tanto? ¿Por qué Cerati era tan querido?

Sorprende porque pese a su lamentable condición, todos albergábamos una pequeña posibilidad de que el genio argentino volviera con todo su glamour a girar por el mundo. Todos esperaban que se levantara, se sacudiera un poco, tomara su guitarra e hiciera nueva buena música.

Sorprende porque el rock de este lado del mundo queda huérfano. Vacío. Sin uno de los que llevaba la bandera musical sudamericana. Incluso más que el viejo Charly García o Beto Cuevas (¿qué?). ¿O acaso ustedes pensaban que ese líder era Jorge González?.

Cerati tenía la notable capacidad de hacer temas “oreja". De cada disco siempre se imponían uno, dos o tres singles para el mercado musical. Bastaba con escuchar uno de esos temas para quedarte con la melodía pegada en la oreja por horas.

Y no sólo eso, además era capaz de meterse en distintas áreas y caer siempre de pie. Incursionó en el Pop, el Rock, la electrónica, el New Wave, la Zamba argentina, la música orquestada y nunca lo hizo mal. Al contrario daba clase en cada estilo donde se metía.

¿Y en Chile? Es mucho lo que el rock chileno le debe al sonido de Soda y de Cerati solista. Muchísimo. Las guitarras de Lucybell son casi calcadas del disco Dynamo (1992). El sonido de La Ley, Nicole, De Saloon, Los Bunkers, Saiko, etc. Buena parte del rock que se hizo en Chile en los 90’s recogen los postulados ceratianos. En fin, tanta influencia, tanto legado.

Por último, el gran cariño que despertaba el maestro de las frases sin sentido tiene muchas aristas que trascienden la música. Amable con la prensa, no se metía en política, coqueto con las damas. Una estrella a la antigua. No por nada fueron miles los que le dieron un último adiós. Y no sólo en Argentina.

Por otro lado, no son los 70’s. Época en la que fallecía una estrella de rock, pero al otro lado habían cinco igual de buenos haciendo música sorprendente. Esta es la década de la decadencia musical, sobre todo en este humilde rincón del planeta. No lo digo yo, lo concuerda la mayoría. Es cosa es poner la radio y notar que lo que suena pertenece a otras décadas, salvo contadas excepciones. Una pena. De las grande.


viernes, 28 de marzo de 2014

Metallica: Duros como el acero


Podrán decir que son comerciales, que se vendieron o que se perdieron en el camino del rock. Podrán decir lo que quieran -y de hecho puede que tengan razón- pero si hay una banda que en vivo rockea duro, esa es Metallica. Anoche lo dejaron claro en un Monumental que acogió a las más de 50 mil almas devotas a las guitarras de Hammett y Hetfield y los ritmos y carisma de Ulrich.
Los oriundos de California (ya sé que Lars es danés, si quiere reparar en eso) realizaron un inicio de show que fue la bomba atómica en la cara. Battery pegada a Master of Puppets y unida a Welcome home (Sanitarium), derritieron los rostros de la fanaticada que, enfervorecida, pedía lo más heavy del repertorio de los Metallica.
Las guitarras sonaron parejitas y totalmente diferenciables. Los solos de Kirk claros como el agua y los ritmos galopantes de Lars seguro que hoy tienen a varios con lesiones en el cuello (yo soy uno de ellos). También es destacable que la voz de Hetfield siga rockeando como en antaño y no se vea tan dañada como algunos de sus contemporáneos. Lo de Trujillo estoy convencido que no va por el lado del virtuosismo y va más por la vereda de la actitud en el escenario. El hombre se hace notar con su corpulencia y movimientos y no tanto con sus creaciones en el bajo.
En lo que me queda duda es que no sé si Hetfield y compañía tendrán claro que lo que la gallada espera de la banda es el repertorio más crudo, más rudo, más brutal. Sin duda en Load, Reload, St. Anger y Dead Magnetic hay cortes notables, pero el punto más alto en la carrera de la agrupación está entre el Kill 'Em All y el Black Album. ¿Alguien puede discutir eso?
Quizá en vez de poner a Fuel o el cover Whiskey in the jar, entre las opciones (el público podía votar por mensaje de texto el tema de cierre, usted es libre de creer si eso era verdad o parte del show), habría sido más fiel al metal poner Four Horsemen, Fight fire with fire o Motorbreath. Temas de la primera época. No hay que ser un genio musical para entender qué es lo que los fanáticos quieren. Bueno quizá son baterías muy rápidas para nuestro querido Lars, quién sabe.
"Les gusta el Kill 'Em All eh?" preguntó Hetfield en un momento de la noche dado que cada vez que aparecía la pantalla donde se mostraban las votaciones, e indicaba que Whiplash lideraba el computo para ser el tema final, el estadio se venía abajo a gritos. Como si 50 mil espartanos fuesen a la guerra.
Al ver que la canción menos votado fue Fuel, en tono de broma James dijo "Fuel es demasiado heavy". El público rio con la tallita. Él sabe que no es así.
Por otro lado, anoche quedó claro (nuevamente claro) que las canchas VIP y el rock son enemigas. Media hora antes de que comenzará Metallica, el público que estaba en cancha normal y cordillera no encontraron nada mejor que llegar hasta la cancha VIP saltando las vallas. Lo mismo se vio, y los videos de You tube abundan, en el show de Rage Against the Machine. ¡Cancha normal y punto, señores productores!

domingo, 22 de diciembre de 2013

De ser Faith no More pasaron a ser Coldplay

 Lo tenían todo. Un vocalista afinado y sexy, mucha onda, y  músicos de impecable ejecución. Perfectamente pudieron ser la gran banda de la década del 00 y continuar los legados de Faith no More o de Rage Against the Machine. Ser los Nirvana de la nueva era. Pero se les perdió el rumbo.
Cuando el agro metal se apoderó de la escena, Incubus ofrecía una frescura distinta. Eran californianos y traían una mezcla musical arrasadora. Las guitarras saturadas y disonantes de Mike Eizinger, los slaps de Alex Katunich (primer bajista), los colchones rítmicos de José Pasillas eran la base perfecta para que el joven Brandon Boyd luciera toda su calidad vocal generando el respeto incluso de los roqueros más rudos.
Esto quedó demostrado en el buen álbum S.C.I.E.N.C.E. de 1997. Momento por cierto en el que el mundo musical necesitaba un recambio luego que el grunge estuviera cediendo espacio y el post grunge nunca encendiera demasiado.

No sólo eso. Venían sostenidos por toda una ola nueva de jóvenes rockeros deseosos de apoderarse de quienes quedaron huérfanos de Cobain y compañía. Korn, Limp Bizkit, Sugar Ray, Coal Chamber, entre otros, formaron parte de esa movida que recogía los postulados de Faint no More.
De pronto, todo pareció tomar un inesperado giro. Brandon, de gritar fuerte y alto pasó a cantar baladas. Las guitarras, de crujir rudo pasaron a tocar acordes desnudos. Dj Kilmore de hacer rítmicos scracht pasó a tocar unas lentas y simples melodías de teclado y los slaps… ya no hubo más slaps. De hecho, tras grabar Morning View, Alex Katunich es reemplazado por Ben Kenney. Reemplazado por “diferencias musicales”, por cierto. Probablemente Katunich vio hacia dónde iba la banda y no le gustó. Quién sabe…

¿No me cree aún? compare en You tube el álbum S.C.I.E.N.C.E. o incluso el Make Your Self con el If Not Now, When? de 2010. Son dos bandas absolutamente distintas.

Es probable que la respuesta sean varias: El mercado, el cambio de público, el ego de la banda o asegurar el futuro. No podemos saberlo. Lo cierto es que Incubus pasó de ser una banda rocker a una agrupación de músicos melosos gustosos del aplauso fácil. De ser Faith no More pasaron a ser Colplay (con respeto a Coldplay, ellos siempre han seguido su línea).

Hace un par de días Incubus tocó en Chile por tercera vez. Aplausos y besos para Brandon caían desde la gradería. De rock, siendo generoso, muy poco.