jueves, 2 de mayo de 2013

Adiós Jeff





La noticia sobre la muerte de Jeff Hanneman entristece. Entristece porque más allá de las providenciales circunstancias en las que el destino te topa con la picadura de una araña que te deriva en necrosis para luego terminar con fallas hepáticas, Jeff fue uno de los buenos en el género. Supo mezclar dos cosas que lo llevaron al umbral del metal: riffs demoníacos con dosis de pop.
Espero no me quemen los metaleros más ortodoxos. Ahora explico mi teoría.

Los riffs de Reing in Blood o Angel of Death o War Ensemble tienen esa sonoridad tan oscura que te sientes habitando en el mismísimo infierno pero a la vez te suenan agradables al oído. A eso me refiero con “dosis de pop”. O sea dentro de la disonancia que usaba en sus escalas eran resueltas de manera común. No era ese metal inaudible que puedes encontrar en tierras europeas y que juegan a ser extremos en dureza o en pose. Era terrible, pero a la vez hermoso.

Angel of Death es parte del legado dejado en este mundo (y quizá en el otro) por el rubio guitarrista. Canción que creó luego de leer sobre Josef Mengele, médico nazi que experimentó con detenidos en Auschwitz y que fue bautizado como el ángel de la muerte. La canción es una patada en la cara a todas las bandas metal del planeta que creen tocar rápido. Pero no sólo por la velocidad que es ejecutada, sino por el contenido histórico de la misma.

Anterior a la partida de Hanneman, Slayer tuvo que enfrentar la salida (nueva salida) de Dave Lombardo, su batería insigne y original, por motivos contractuales y económicos, lo que deja a la banda ahora sólo con dos miembros de la época inicial.
Imagino a Slayer este 2 de octubre en Chile (de no cancelar la fecha) haciendo un concierto dedicado en la memoria de su guitarra fundador. Descansa en paz Jeff.

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